Ayer leía en la prensa digital una de estas medidas llamadas ‘anti-crisis’, término que alguien inventó en un alarde de pereza y que muchos periodistas más vagos aún nos empeñamos a utilizar tanto en estos días que corren. Se trata de una empresa en Francia que alquila juguetes por periodos de 1 a 6 meses para que sean regalados durante la navidad, en vista de que la mayoría de los niños se aburren rápidamente de ellos.
Esto me hizo pensar en la lluvia de juguetes que yo mismo recibía de niño. A la mayoría de ellos no les prestaba atención más allá del 7 de enero y rápidamente acababan almacenados en algún armario de la casa. Muchos de ellos no me interesaban y de otros simplemente, como cualquier niño, me cansaba de ellos. Por suerte hoy día existe eBay y se pueden vender aquellos regalos que no nos gustan, pero hace años no era así.
Más allá de parecer el Grinch o el típico viejo cascarrabias que odia la navidad de las películas de serie B de la sobremesa, lo que quiero denunciar es que muchas veces compramos simplemente por inercia y no pensamos dos veces en aquel al que vamos a regalar. Un enérgico Bob Espnja o un sonriente Mickey Mouse en la cubierta de un juguete no va a garantizar que vaya a gustar a nuestros sobrinos o a los hijos de nuestros amigos.
El gasto en navidad este año alcanza los 674 euros por persona según la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes, aunque el gasto en loterías y regalos ha bajado. En tiempos de penurias económicas como los que vivimos, más vale que ese dinero sea gastado responsablemente y que nuestras compras no acaben rápidamente en el cubo de la basura o en una subasta en eBay a un precio mucho menor de lo que nos costó.
Ahora empiezo a comprender el porqué de tantos calcetines y pijamas regalados por navidad que tanto odio me producían por aquel entonces.
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