Susana Muñoz

Cultura Interactiva y Comercio electrónico

   Hace unos días, leí un artículo que llamaba la atención sobre la nueva política de la Consejería de Cultura, que desde el pasado mes de junio ha cerrado las tiendas de la mayoría de los museos andaluces, con excepción de los que considera “más rentables”, entre ellos, el Bellas Artes de Sevilla, la Alhambra, [...]

  

Hace unos días, leí un artículo que llamaba la atención sobre la nueva política de la Consejería de Cultura, que desde el pasado mes de junio ha cerrado las tiendas de la mayoría de los museos andaluces, con excepción de los que considera “más rentables”, entre ellos, el Bellas Artes de Sevilla, la Alhambra, Medina Azahara y el Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera. El cierre de los puntos de venta se basa en cuestiones de rentabilidad y se verá compensado (según la Consejería) con la puesta en marcha de puntos de venta temporales –en períodos de gran afluencia de público o con motivo de eventos muy significativos-, pero sobre todo aprovechando el gran potencial de las nuevas tecnologías. Es decir, con la venta a través de la web de la propia Consejería de Cultura.

El servicio funciona, bajo mi propia experiencia, de manera muy eficaz, siendo el resultado, a mi juicio, notable. Sin embargo, a pesar de la necesidad de que la Administración Pública implemente los beneficios de las Nuevas Tecnologías a su funcionamiento interno y que ello repercuta sobre la ciudadanía, hay que tener en cuenta a aquellos visitantes que no tengan acceso a estas herramientas o quienes nos visiten, procedentes de otros países, y no puedan posteriormente realizar sus compras por Internet. La apuesta es cuanto menos arriesgada y, aunque la propia Consejería garantice que es rentable económicamente para los andaluces, bajo mi punto de vista la reducción de la oferta cultural nos perjudica a todas luces.

Frente a esta iniciativa, están otras que acaban por perjudicar a la ciudadanía de manera indirecta. Somos ya muchas las personas que compramos las entradas a obras de teatro o conciertos a través de Internet. Es realmente una opción rápida y muy eficaz que suelo usar con mucha frecuencia. La posibilidad de elegir el día y el asiento que mejor se adapte a tus gustos es más que positiva, máxime cuando no tenemos tiempo para poder acudir a las taquillas de los teatros a comprar las entradas. Sin embargo, estas facilidades se rompen en mil añicos cuando sólo hay dos expendedores de entradas en toda la ciudad de Sevilla fuera de los teatros y además no funcionan. Ello finalmente te obliga a ir a los teatros a recoger tus entradas, en horario de taquilla; lo que acaba generando una espiral absurda y sin sentido que diluye las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen a la ciudadanía.

Un caso destacado ha ocurrido con la Bienal de Flamenco. Las entradas del día de la inauguración se pusieron a la venta con posterioridad a las del resto de los espectáculos, a partir de un día concreto y en una página web totalmente diferente a aquella que vende el resto. Sin embargo, lo más sorprendente es que –a pesar de los recursos que ofrece la red- era obligado ir a una ventanilla a recoger las entradas compradas a través de Internet con el DNI de la persona comprado y, lo que es aún peor, en unos días concretos. Mi pregunta es ¿esto es operativo? ¿y rentable? ¿qué imagen damos tanto de Sevilla, como de un evento bianual que atrae a público extranjero, fundamentalmente nipón? Realmente, la falta de imaginación que derrochamos en cuestiones como ésta acaba por rozar lo absurdo.

Tal vez, sería un buen momento para recordar los fundamentos del comercio electrónico, también conocido como e-commerce (electronic commerce en inglés), que consiste en la compra y venta de productos o de servicios a través de medios electrónicos, tales como Internet y otras redes informáticas. Originalmente el término se aplicaba a la realización de transacciones mediante medios electrónicos, tales como el Intercambio electrónico de datos. Sin embargo con el advenimiento de la World Wide Web a mediados de los años 90 comenzó a referirse principalmente a la venta de bienes y servicios a través de Internet, usando como forma de pago medios electrónicos, tales como las tarjetas de crédito.

La cantidad de comercio llevada a cabo electrónicamente ha crecido extraordinariamente debido a la propagación de Internet. Una gran variedad de ese comercio se realiza de esta manera, estimulando la creación y utilización de innovaciones como la transferencia de fondos electrónica, la administración de cadenas de suministro, el marketing en Internet, el procesamiento de transacciones en línea (OLTP), el intercambio electrónico de datos (EDI), los sistemas de administración del inventario, y los sistemas automatizados de recolección de datos.

Entre sus  ventajas, podemos destacar:

 * Mejoras en la distribución: La Web ofrece a ciertos tipos de proveedores (industria del libro, servicios de información, productos digitales) la posibilidad de participar en un mercado interactivo, en el que los costos de distribución o ventas tienden a cero.

    * Comunicaciones comerciales por vía electrónica: Actualmente, la mayoría de las empresas utiliza la Web para informar a los clientes sobre la compañía, aparte de sus productos o servicios, tanto mediante comunicaciones internas como con otras empresas y clientes; esto facilita las relaciones comerciales, así como el apoyo al cliente, ya que al estar disponible las 24 horas del día, las empresas pueden fidelizar a sus clientes mediante un diálogo asincrónico que se produce a conveniencia de ambas partes.

    * Beneficios operacionales: El uso empresarial de la Web reduce errores, tiempo y sobrecostos en el tratamiento de la información. Los proveedores disminuyen sus costos al acceder de manera interactiva a las bases de datos de oportunidades de ofertas, enviar éstas por el mismo medio, y por último, revisar de igual forma las concesiones; además, se facilita la creación de mercados y segmentos nuevos, el incremento en la generación de ventajas en las ventas, la mayor facilidad para entrar en mercados nuevos, especialmente en los geográficamente remotos, y alcanzarlos con mayor rapidez.

    * Facilidad para fidelizar clientes: Mediante la aplicación de protocolos y estrategias de comunicación efectivas que le permitan al usuario final del portal web de la compañía plantear inquietudes, levantar requerimientos o simplemente hacer comentarios con relación a los productos o servicios de la misma. Además, si estos comentarios son debidamente procesados, se puede crear un elemento importante para lograr la fidelización de los clientes, y en consecuencia aumentar la recompra de productos y servicios, así como también la ampliación del rango de cobertura en el mercado.

A ver si entre todos, conseguimos que estas ventajas repercutan positivamente en la imagen pública de Sevilla.

 Susana Muñoz Bolaños

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