Las felices casualidades del verano son, entre otras, encontrar a personas interesantes y compartir conversaciones amenas y enriquecedoras sin haberlo buscado. Conversaciones a veces breves mientras hacemos cola a la entrada de un museo o esperando que empiece un concierto, otras más largas en la cafetería de un hotel o mientras viajamos en tren.
Etiquetas: Carta del director, Manuel Bellido, Septiembre de 2010







