Mas de las tres cuartas partes de los españoles se harán la misma pregunta que yo cuando, mando en mano, nos disponemos a buscar en la televisión algún programa, serie, película que capte nuestra atención: ¿Qué he hecho yo para merecerme una tele como esta?
Esa pregunta cobró un sentido especial, la elevé a la “N” potencia del absurdo cuando, haciendo zapping, y por arte de la mala suerte, caigo en un programa de la Cuatro que se llamaba “21 días… fumando porros”. Vamos que lo mismo se podía llamar 21 días destrozándote la vida o haciendo el soplagaitas, por ser más respetuosa con el lector o lectora que Don José Camilo Cela. Una periodista que según su currículum, muy bueno por cierto, se podía dedicar a hacer más labores de investigación y menos el “ridiculum”. Perdonad la gracia pero es que maldita sea la ídem del programita. Pero, cual es mi sorpresa cuando comentándolo en la redacción, es de sobra conocido las historias para no dormir de esta pseudo investigadora, que se ha dedicado a comer 21 días pizzas y hamburguesas o en otro “21 días”, a no comer nada para vivir la anorexia de cerca… Pues chica, se me ocurren 21 maneras mucho mejores de hacer periodismo y del bueno.
Pero no quiero caer en la crítica fácil hacia ese programa y su presentadora, pues al fin y al cabo no es más que un producto de una cadena de televisión y de una productora a la que no quiero dar más publicidad. Se bastan solitos.
Mi reflexión va un poco más allá, ¿por qué nos aburre la tele?. Lo que se llamaba caja tonta ahora además es “idiota”. Poco inteligente, menos imaginativa y cero instructiva. Para ver un programa que englobe esas “tres i” tenemos que trasnochar. Los programadores de las teles se empeñan en ponernos las pelis buenas y los programas de cierto interés a horas intempestivas. Películas como Cimarrón o ¿Qué bello es vivir? las programan a las 2 de la mañana… Para insomnes, claro.
Entre el fútbol, el tenis, Informe Semanal, algún debate y los documentales debe haber algún otro programa de interés, ¿no?. Cifras y letras, Pasapalabra… No pido que pongan La clave, ni La máquina de la verdad; hoy día hasta se echan de menos programas como esos, hechos, al menos por profesionales de los medios y no por Grandes Hermanos e familiares de. La bruja avería, Aplauso, hasta Gente, eran mejores que los Operaciónes triunfos y Supervivientes… Para supervivientes los que consigan no dormirse con el mando en la mano viendo a tele.
Se pensaba, incauto televidente, que con la llegada de la famosa TDT íbamos a poder disfrutar de una televisión de mayor calidad, y pasado unos meses, tan sólo hemos cambiado en que tenemos más canales basura, pero no más oferta de calidad. Si queremos ver algo de interés, debemos seguir pagando por ello. Canal Plus, Imagenio -del ahora rebautizado la tele de MoviStar-, Ono , son alguna de las cadenas que nos ofrecen lo más parecido a una televisión a la carta. Pero claro, dejándonos en el camino una cuota mensual. ¿Será una solución a este problema, de la caja más tonta que nunca, la llegada de la televisión en Internet?
Hoy en día, ¿qué programa hace que permanezcas atento más de diez minutos?. Si lo consigue es, o bien porque despierta el morbo, o porque te despierta el libido o porque te has quedado dormido. No hay nadie que se de cuenta de que el Medio de Comunicación más eficaz y directo, junto con la Radio, es la Televisión. ¿O la televisión que tenemos es la que demanda la sociedad? Me niego a creerlo. Me niego a creer que España sea una sociedad de cotillas, desinformados y de alienados conformistas. España es una sociedad peleona, es unas sociedad que sabe lo que quiere. Apliquémonos.
En Italia, Inglaterra, EEUU la televisión es de mayor calidad, hacen programas simpáticos, más familiares, aunque también existen programas imbéciles. Pero hacen una televisión más inteligente. ¿Quiere decir eso que los italianos, ingleses o americanos sean más inteligentes que nosotros? No, rotundo. Simplemente no se conforman con encender el televisor y ver lo que nos echen. Su televisión es de mayor calidad porque saben que es una herramienta de “poder” y no simplemente el electrodoméstico que adorna el salón y su runrun nos hace compañía.
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