Vanessa Calvo

Enriqueciendo la espera

Decidimos irnos de viaje y ya desde el preciso momento en que empezamos a preparar nuestro equipaje sentimos que el viaje ha empezado aunque no hayamos ni salido de nuestra casa. Sin embargo, con el entusiasmo de emprender nuestra aventura, no solemos reparar demasiado en los tiempos de espera que tendremos que pasar en aeropuertos, [...]

Decidimos irnos de viaje y ya desde el preciso momento en que empezamos a preparar nuestro equipaje sentimos que el viaje ha empezado aunque no hayamos ni salido de nuestra casa. Sin embargo, con el entusiasmo de emprender nuestra aventura, no solemos reparar demasiado en los tiempos de espera que tendremos que pasar en aeropuertos, estaciones de autobús o de tren; “tiempos muertos” que pueden variar en función de cuál sea nuestro destino, si haremos escala o no, el medio de transporte que vayamos a utilizar para nuestro desplazamiento o la época del año en la que nos encontremos.

Este tiempo de espera -en muchas ocasiones, con una duración mayor que el propio desplazamiento a nuestro destino-, la incomodidad de los asientos o el bullicio de la gente, hace inevitable que no intentemos distraernos dando un paseo por la amplia variedad de establecimientos comerciales y de restauración que, además, incitan a nuestro consumo; “mini centros comerciales” en los que será tarea difícil no detenerse y acabar pasando por caja. Un “pasaporte” perfecto al gasto superfluo al que más de uno habrá recurrido seguramente, en cierta ocasión, para comprar el olvidado “recuerdo de viaje” para algún familiar o amigo.

Pero aunque la proliferación de estos negocios comerciales cada vez es mayor, no nos olvidemos que no hay mejor manera de “atrapar” ese tiempo de espera y evitar gastos innecesarios que evadirse y enriquecerse dando rienda suelta a la lectura de un buen libro que en todo viaje nos debería acompañar.

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